Hace falta que este Gobierno cree condiciones para que la inversión privada crezca para compensar la caída en la inversión pública.
Se han dado algunos pasos importantes: uno de ellos, la flexibilización de la normativa minera, que torna viable la explotación del campo cuprífero Mirador y el aurífero Fruta del Norte.
Otro, los contratos con DPWorld y Yilport, el primero para construir un puerto de aguas profundas y de transferencia en Posorja, y el otro para mejorar radicalmente Puerto Bolívar, que podrá recibir naves de gran calado.
En total son cuatro megaproyectos; la inversión en su desarrollo va a contribuir a estimular la economía nacional. Las autoridades anuncian otros megaproyectos.
Es necesario, sin embargo, crear un clima adecuado para la inversión nacional así como extranjera de menor escala, que demanda más mano de obra. Un elemento sería no más leyes y normas tributarias. El abandono del proyecto de impuesto a la plusvalía estimularía la construcción inmobiliaria. El anuncio de un mayor impuesto a la herencia detiene la inversión en particular de empresas familiares.
Otro aspecto es el levantamiento progresivo de la salvaguardia. Cuando se la adoptó, con un año de duración, se le dijo a las empresas que se abstengan de importar bienes de capital por un año, que era el periodo difícil. Esto se ha prorrogado por un año más. No hace sentido mantener el recargo arancelario sobre los bienes de capital e insumos para producir.